¿Te has preguntado con base a que tomas decisiones?

La pregunta es sencilla y seguramente la respuesta sería con información confiable y oportuna, pero, ¿realmente es así?.

Piensa en el número de decisiones que has tomado durante los últimos 30 días y que están más influenciadas por aspectos subjetivos, emociones y/o interpretaciones de la realidad que por información objetiva. 

Existen diferentes tipos de decisiones, unas son de rutina, como alguna decisión en el trabajo que está estandarizada, otras decisiones son más racionales que requieren un análisis de información detallado y evaluar escenarios y, por el contrario, otras son por la emoción o por “intuición”.

Pero, ¿cómo evaluar si la decisión es correcta? La respuesta se llama tiempo y resultado.  En ocasiones nos sorprendemos al ver que, a pesar de tener poca información, se logró lo esperado y en otras con mucha información y análisis nos damos cuenta de que no era la decisión correcta.

Entonces, ¿cómo tomar la mejor decisión? Una mezcla de información disponible aunado a intuición, medir el impacto de la decisión,  reflexión de lo que puede pasar y aceptar que se puede tomar una decisión y no ser la más adecuada.

Una vez que tomas una decisión, ¿Qué pasa si no es el resultado esperado? ¿Qué harás al respecto?, ¿Culpar a otros?, ¿Asumir tu responsabilidad o adaptarte al resultado y sacar ventaja de la situación?,  porque al final la decisión que tomaste fue la que consideraste mejor y a lo largo del tiempo comprendes que esa decisión (buena o mala) te permitió aprender y desarrollar tu talento para adaptarse y crecer.

En conclusión, ¿Qué aprendiste a partir de la última decisión que tomaste? ¿Qué harás la próxima vez?

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